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ROUBAIX

Mi historia en “El infierno del Norte”

París-Roubaix: 2 – Chozas: 0

En mi época los españoles no éramos muy duchos en las clásicas, los mejores ciclistas destacábamos en la montaña, quizás porque nunca les hemos dado la importancia que se merecen a juzgar por su historia.

En 1990 participé por primera vez en “El Infierno del Norte” la famosa París-Roubaix un verdadero monumento ciclista con sus orígenes en el año 1896, aquella primera edición salió de París, para cubrir los más de 300 kilómetros que la separaban de Roubaix. El primer ganador fue el alemán Josef Fischer. La prueba está sembrada de tramos de Pavé, los más conocidos por su dureza son el Bosque de Arenberg, el Carrefour de l’Arbre y el de Mons-en-Pévèle, los únicos calificados de 5 estrellas. Todavía no la ha ganado ningún español, Juan Antonio Flecha hasta la fecha es el ciclista español que ha estado más cerca, fue 2º en 2007 detrás de Stuart O´Grady, el primer australiano en ganarla.

Volviendo a mi historia en la Roubaix, en 1990, con 30 años era todo un novato en la prueba, entonces, en la ONCE, llevábamos cuadros Look y OTERO en la bicis de contrarreloj y unos cuadros especiales que nos diseñó Enrique Otero para estas carreras donde la separación de las vainas traseras debe permitir tubulares del tamaño casi de ciclo-cross y que la inclinación de los tubos y horquilla aporten una buena estabilidad, tendiendo al diseño de los cuadros de mtb. Con la bicicleta apunto, un plato grande de 53 y el pequeño de 50 dientes, porque por los tramos de pavés no se mueve mucho desarrollo, cuesta mucho avanzar y casi siempre se utiliza 50 de plato y 15 ó16 de piñón, tampoco interesa que el cambio se acerque mucho a los radios porque se retuerce de tal forma que muchas veces se mete en los radios haciéndose añicos.

Eduardo Chozas 1990, equipo ONCE

Eduardo Chozas 1990, equipo ONCE

Ya tuve una experiencia de 5 tramos de pavé en una etapa del Tour de 1985, en la etapa que terminó a Lille y llegué con los primeros después de sortear varias montoneras, me creía un experto. Pero la clásica no tiene nada que ver con lo que yo había conocido en el Tour, aquí son 28 tramos y todo el mundo va con el puñal entre los dientes para afrontar el primer tramo que está en el km 98, donde se hace la gran selección con montonera incluida, después hay que hacer otros 27 tramos que totalizan 52,7 km de Pavé en un total de 259.5 km que tiene la carrera.

La salida de maravilla, nadie atacaba, todo era llano, pero cuando nos acercamos al primer tramo saltaron todas las alarmas, parecía que la carrera acababa allí, todos los equipos iban a tope colocando a sus mejores especialistas, se rodaba a 60 km/h y ya divisábamos el primer tramo, un giro de 90º a la derecha y un camino de cabras de 2 metros de ancho, pero que solo se puede circular por una franja de 20 cm en el centro del pavé y si está bien la cuneta por la tierra, como ya sabía lo que iba a pasar, me situé en la derecha preparado para sortear la montonera.

Como no podía ser de otra forma, pasaron los primeros 20 ciclistas y se produjo el montón, se quedó bloqueada la entrada al tramo, entonces, con la bici al hombro, entre chatarra y pisando a alguna víctima de la caída, coloqué la bici sobre los pavés y me puse a pedalear como loco, ya no veía a los 40 primeros, después de los 2,2 km del tramo Troisvilles à Inchy me pude colocar en el tercer grupo.

Desde aquí intentas acabar como sea

Cuando sales de un tramo, no van más de 20 ciclistas juntos y todos relevamos hasta llegar al siguiente tramo, por lo que os podéis imaginar que quedaban 160 km que había que hacer a relevos con los de tu grupo. Fueron pasando tramos sin mayor importancia, sorteé pinchazos, averías, roturas de cuadros, y gracias a que no estaba mojado sino si hubiese sido un verdadero el infierno multiplicado por 2, porque en seco, cuando se puede se rueda por la tierra por fuera del pavé, dentro es como ir con el freno de mano echado, aparte no te puedes poner de pie “te retiembla hasta el alma”.

Parecía que estaba todo controlado, mi objetivo era acabar y no caerme. Iba al lado de Cabestany al que le gustaba esa carrera, estábamos los dos en la ONCE, me decía que tuviese cuidado con el tramo del Bosque d’Arenberg, yo creía que ya había hecho lo difícil, pero todavía faltaba lo peor, no se si sabré describir la impotencia que sentí al pasar por tramo del bosque de Arenberg, era el décimo tramo, no podía avanzar, estaba mojada la zona del exterior por lo que no podía huir del pavé, además había un rastro de aceite, en la cresta que forma el adoquinado, de algún coche que habría rozado con el cárter, en esta zona los adoquines son piedras de 20 cm con unas grietas entre ellos de 2 a 5 cm por donde se meten las ruedas, sobre todo la trasera se va escurriendo hacia  la parte baja del pavé hasta dar con la llanta metida entre las ranuras de los adoquines.

Dando bandazos de un lado para otro

 

Dando bandazos de un lado para otro, no hacía camino, me puse nervioso y me salí del adoquinado para hundirme en el barro y acabar en un charco gigantesco ante la mirada de los aficionados, una multitud, que no hacían nada más que hacerme fotos y yo allí atascado, hundido en una cuarta de lodo. Cuando salí del embrollo, el grupo me sacaba más de 30 segundos, me quedé entre en tierra de nadie, a todo esto, mi bici había sufrido daños, el manillar se había movido, se había hundido y sobresalía la parte de abajo como dos cuernos, las manetas se habían bajado por los impactos, las llevaba 5 cm más abajo de lo normal, la dirección se había aflojado y veía moverse las piezas, pero estaba empeñado en acabar.

En tierra de nadie

 

Tuve que esperar al 4º grupo que venía 2 minutos por detrás, aproveché y paré para mear, otra odisea, no me fuese a pasar lo de la Milán San Remo que estuve a punto de reventar la vejiga, más de 7 horas sin poder orinar, ¡que dolor! . Ya con el 4º grupo realicé muchos km pero en la 5º hora de carrera empezaron a darme calambres entre los dedos de las dos manos, había tomado ya el primer avituallamiento, el segundo estaba sobre el  km 200. Era el siguiente objetivo, pero cada vez me iban dando más latigazos en los dedos, las vibraciones de cada adoquín, era ya una puñalada repetitiva, hasta el punto de no poder sujetar el manillar con los dedos, tenía que apoyarme con las palmas de las manos.

En ese lamentable estado llegué al segundo avituallamiento donde me esperaba el auxiliar de la ONCE, el bueno de Jordi Cabestany, para ofrecerme la bolsita con la comida y la bebida para en tramo final. Jordi, animaba a seguir, quedaba poco, 1 hora, pero me pareció infinito. Hasta ahí llegué, junto a Jordi que me consolaba de mi rabia, impotencia y dolor.

Después de la experiencia, mí idea era volver otro año y acabar, porque este primer año llegué a Roubaix en coche.

Volví al año siguiente

Volví al año siguiente, más preparado, con almohadillas en el manillar, con todo revisado y apretado al máximo, dispuesto a realizar la gesta, había que acabar ya tenía experiencia y sabía a lo que me enfrentaba.

La carrera comenzó como el año anterior, se repetía todo, incluso la caída en la entrada al primer tramo, pero todo iba bien, incluso conseguí mejorar en mi entrada al primer tramo situándome en el segundo grupo, iba muy bien, utilizaba la tierra, saltaba al centro cuando había algún hoyo delante, pero el exceso de confianza me llevó al desastre, en un salto desde fuera del pavé al centro me enganché con otro ciclista que rodaba en la zona, la verdad es que no miré, no me esperaba que estuviese tan cerca, solo oí su grito de impotencia cuando veía que me venía encima de él. no sé quién era, solo se me quedó grabada la imagen de su ojos de espanto, de los ojos como platos que tenía justo antes de engancharme con su manillar.

Imaginaos el desenlace, la aventura acabó allí mismo con todo el cuerpo lleno de magulladuras y golpes que más parecían producidos por una paliza que por una caída en bicicleta, fuimos arrastrando diez metros por los adoquines.

Ahí también acabo mi historia en el Infierno del Norte con el resultado de Roubaix: 2 – Chozas: 0

***La París-Roubaix es una carrera ciclista francesa de un día , también conocida con sobrenombres como La clásica de las clásicas, El infierno del norte o La última locura.  Se disputó por vez primera en 1896, lo que la convierte en una de las carreras más antiguas que aún permanecen en el calendario internacional. Su creación se vio impulsada por el diario deportivo Le vélo. Su director Paul Rousseau recibió la idea de la mano de dos empresarios de la localidad de Roubaix, Théo Vienne y Maurice Perez, quienes vieron en esta carrera un buen entrenamiento para la por entonces, más famosa Burdeos-París y, tras supervisar el trazado de la prueba, puso en marcha la prueba bajo el nombre de La Pascale. Aquella primera edición salió el 19 de abril del Bois de Boulogne, al norte de París, para cubrir los más de 300 kilómetros que la separaban de Roubaix. Su primer ganador fue el alemán Josef Fischer y el premio que recibió fue de 1000 francos francesesActualmente es una de las cinco pruebas clásicas conocidas como “monumentos del ciclismo“, junto a la Milán-San Remo, el Tour de Flandes, la Lieja-Bastoña-Lieja y el Giro de LombardíaLos españoles que más cerca han estado de conseguir el trunfo también han sido los únicos en subir al podium, Miguel Poblet, en el año 1958 y Juan Antonio Flecha, en el 2007, con sendos segundos puestos. Además, Poblet fue tercero en 1960 y Flecha en 2005 y 2010. Los corredores que más veces se han impuesto son Roger De Vlaeminck y Tom Boonen, en cuatro ocasiones (1972, 1974, 1975 y 1977; y 2005, 2008, 2009 y 2012) respectivamente. 

 

En el Tour de Flandes participé 2 veces los mismos años y acabé en las 2 ocasiones pero eso es otra aventura. continuará … .


6 Responses to ROUBAIX

  1. Diego

    Para cuando tus aventuras en Flandes????soy un enamorado de estas clasicas,las italianas me gustan menos…sabes si hay algùn libro de anecdotas de las clasicas??
    Un abrazo

  2. cristobal silva

    Que rabia no haber terminado tus dos participaciones en robauix y poder disfrutar de la llegada al velodromo. Binito relato.

  3. Sergio

    Super interesante….se me ponen los pelos de punta!!!! eres un Crack

  4. Alejo P

    Que interesante relato! Felicitaciones por todo el aporte!

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