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GIRO

 

“Luna y las Cosas del Giro”

Un historia verdadera

Eduardo Chozas

27 grandes vueltas en 14 años de profesional dan para muchas anécdotas. El  Giro de Italia es una carrera muy especial, no os voy a descubrir nada, deportivamente hablando, que no hayáis visto o leído sobre el Giro, solo matizaros que para mi, que he corrido siete, es la carrera más bonita de las tres grandes por mil detalles que darían para un libro. Detalles de cómo llueven pétalos de flores al paso del pelotón por las poblaciones, detalles de parar delante de una fábrica de helados para degustar sus productos, detalles de sentir un apoyo incondicional del público a su “Corsa Rosa” y a todos los participantes.

De la historia que os voy a contar se podría escribir una novela, antes de escribirlo me lo he pensado varias veces, pero creo que es una historia curiosa y simpática, vista con la perspectiva del tiempo, aunque no tanto cuando sucedía ya hace muchos años.

En 1990 corrí con el equipo ONCE mi quinto Giro, a pesar de haberlo hecho ya cuatro veces, no lo hacía desde 1984 con el Zor, equipo con el que hice los anteriores.

A mitad del Giro de 1990

La historia se perfila, cuando a mitad del Giro, un día se acerca por la zona de salida Luna, una chica espectacular, por sus grandes y bellos atributos femeninos. Después de las presentaciones y los besos de rigor me da su tarjeta y me dice que cuando vaya a Italia pase a verla por Bologna, muy bonito todo hasta aquí, pero resultó que era travesti, solo se le notaba la cualidad masculina en la voz, ahí quedó la cosa como anécdota simpática.

Luna era muy aficionada al ciclismo y asistía a las grandes citas por su gran admiración hacia los ciclistas que le fascinaban en el plano deportivo y mucho más en el extradeportivo.

Después de aquel día volvió a un par de etapas más, cuando tuvo más confianza llegó a decirme que le gustábamos dos ciclistas españoles: Fede Etxabe y yo por eso de ser altos, morenos y delgaditos. Yo me reí y no le di mayor importancia me parecía una gran anécdota simplemente. Acabé aquel Giro sin darle mayor importancia y con una buena historia que contar.

En el Giro siempre ocurrían cosas divertidas, años atrás, en el día de descanso hacían una Gala donde elegían a la Guapa del Giro y otros títulos, como por ejemplo el del más simpático, título que gané en mi primera participación, también existía un título poco recomendable: el más feo del Giro, aquel año 1981 se lo ganó el repartidor del agua San Peregrino, la verdad es que era pequeño y pelirrojo, iba todo el día al sol, asomado por un hueco de un furgón donde repartía agua y estaba quemado y a dos colores, el título fue justo.

Podio de la etapa de Sestriere del Giro 1991

Podio de la etapa de Sestriere del Giro 1991

Volviendo a la historia que os estoy contando, al año siguiente volví al Giro, era  Giro de 1991, acabábamos de ganar la Vuelta a España por equipos y Melchor Mauri la Clasificación General. Pasadas unas etapas apareció por la carrera de nuevo con Luna, ya ni tan siquiera me acordaba, incluso pensé que no le volvería a ver, el caso es que me pareció cordial el saludo, le doy un beso y nos despedimos, me fui con el equipo al a descansar sin darle mayor importancia al asunto, la verdad, que me parecía una persona simpática. Pero la cosa se empezó a complicar a partir de ese momento. Ahora me río, pero los días posteriores comenzó una persecución en toda regla, Luna debió intuir que mi cariñoso saludo le daba pié a una posible relación y empezó su ofensiva y acercamiento.

Etapa tras etapa venía a verme a la salida y a la llegada, hasta tal punto de que, aquellos lances no pasaban inadvertidos para el grupo de ciclistas, auxiliares, directores y de medios de comunicación españoles que seguían el Giro. Hasta tal punto que un día José Ramón de La Morena, enviado especial de la Cadena SER, me gastó una broma que no sé cómo catalogarla. Me cuenta que ha hecho una entrevista a Luna en directo y ha soltado una perla, había dicho, en antena, que estaba enamorada de mí. En ese mismo instante me cambió el semblante y le dije algo que no puedo reflejar aquí, pero os  lo podéis imaginar.

En el pelotón ese día había 179 ciclistas y un zombie

En el pelotón ese día había 179 ciclistas y un zombie que solo iba pensando en lo qué me dirían mis amigos, tenía que llamar urgentemente a mi mujer y constárselo antes de que se enterase por rumores.

Mientras, en la etapa, dando pedales iba preguntando a mis compañeros, pregunté a Julián Gorospe, a Santos Hernández y a otros ciclistas españoles qué si era verdad lo que había dicho Luna, todos me decían que si, todos estaban compinchados con De la Morena.

Nada más llegar al hotel llamé a casa y le pregunté a mi mujer que si había oído algo, se lo conté, se echó a reír a carcajadas. Si hubiese sido chica otro gallo hubiera cantado. El  caso es que fue una broma, no fue cierto lo de la entrevista, pero fui el protagonista durante muchos días por méritos extradeportivos y me gastaron muchas bromas.

Mientras yo sufría  al entorno, todo el pelotón sabía “lo nuestro” Luna seguía en su intento desesperado. Mi actitud cambió después de la bromita, todo el mundo estaba pendiente de nosotros. Luna seguía viniendo todos los días a verme a la salida, se seguía haciendo fotos conmigo, no se separaba de mí, hasta que empecé a huir, cuando le veía en las salidas ya a punto de salir, me cambiaba de lado, no de acera, nunca mejor dicho, si me encontraba al lado derecho Luna venía desde detrás de la vallas para estar conmigo, entonces yo me iba al lado contrario.

Según pasaban los días y todo seguía igual, empecé a estar un poco preocupado por los sentimientos que pudiera tener Luna, ya me daba un poco de respeto la situación.

La última semana gané la etapa de alta montaña con final en la estación de esquí de Sestriere, aquello fue muy bonito para todos, también para Luna que era mi mayor tifossi.

Victoria en Sestriere por delante de Chiapucci en el Giro de 1991

Victoria en Sestriere por delante de Chiapucci en el Giro de 1991

 Tomó la decisión de venir a verme

Se acababa el Giro y ya no le quedaban a Luna muchas oportunidades de estar a solas conmigo y tomó la decisión de venir a verme a mi hotel con sus mejores armas de mujer: vestida con un conjunto de minifalda rojo de lo más sexy, el pelo rubio le caía por la cintura, muy bien pintada, muy guapa, con su figura explosiva. Javi, auxiliar del equipo, me anunció que estaba en recepción y que quería subir a verme, le dije le dijese que no, pero fue tarde, ya estaba en la puerta de mí habitación llamándome, con su voz ronca, por el hueco que dejaba Javi, que intentaba cerrarle el paso pero que arrolló dada su envergadura, se abrió paso hasta mi presencia intentando que me fuese con él, Santos Hernández que estaba conmigo, se metió debajo de las sábanas, no quiso saber nada, a mí me temblaban las piernas, regañé a Luna, le grité que no quería verle más.

Me quedé preocupado, no me esperaba que su atrevimiento pudiese llegar a tanto, por otro lado sus sentimientos me llegaron a preocupar por eso decidí ser brusco y cortar en seco. Allí acabó esta pequeña historia de las “cosas del Giro” que ahora puedo contar y sonreírme pero que me hicieron vivir unos días de intranquilidad.

Al cabo de unos meses en la revista Interviú apareció un reportaje sobre casos de acosos sexuales de famosos donde yo era el único hombre que aparecía en el reportaje.

¿A qué no os podíais imaginar que estas cosas pudiesen suceder en un Giro, verdad?

Un historia verdadera

Eduardo Chozas


2 Responses to GIRO

  1. eduardo

    Eduardo, has visto o escuchado de anfitrionas o aficionadas que entren a las habitaciones de los ciclistas y tengan intimidad como sucede en el baloncesto de la NBA

    • Eduardo Chozas

      Esos casos son muy particulares, en ciclismo no he sabido de que sea normal, aunque no es algo que se pueda certificar y habrá algún caso afirmativo.

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